La cifra que replantea la carrera de la IA

El titular es sencillo: el propio Informe Ambiental 2026 de Google, su undécima edición anual, publicada el 30 de junio de 2026, muestra que el consumo eléctrico creció un 37% en 2025, el mayor salto en un solo año que la compañía ha registrado nunca y más de un 250% por encima de 2019. Solo los centros de datos absorbieron unos 42 millones de megavatios-hora, a la altura de la demanda anual de Nueva Zelanda.

El informe es inusualmente franco. Google afirma sin rodeos que su "despliegue de infraestructura de IA se está acelerando ahora más rápido de lo que la red se descarboniza". Esa sola frase, tomada directamente del Informe Ambiental 2026, resume toda la historia: la curva de demanda de cómputo es ya más empinada que la curva de oferta de energía limpia.

Dónde se movieron de verdad las emisiones

Sí, pero el cuadro está dividido. Google recortó un 2% sus emisiones operativas de alcance 1 y 2, cubrió el 100% de su electricidad con renovables por noveno año consecutivo y firmó más de 12 gigavatios en nuevos acuerdos de energía limpia. En los electrones que compra directamente, el progreso es real.

El problema está aguas arriba. Las emisiones de alcance 3 de la cadena de suministro crecieron un 25% interanual y solo la construcción de centros de datos añadió unos 2,3 millones de toneladas de CO2 equivalente, atribuidas en gran parte a proveedores de semiconductores conectados a redes con alta intensidad de carbono en Taiwán, Japón, Vietnam e India. Como informó Axios, el crecimiento lo impulsa la propia obra y no solo el funcionamiento de las máquinas.

La lectura de Servola: energía y permiso, no GPU

La conclusión: la restricción que ata a la IA se está desplazando de los chips a dos cosas que ningún pedido de compra resuelve, la potencia eléctrica y el consentimiento local para construir. El informe de Google admite que la demanda va por delante de la descarbonización de la red, y el despliegue físico choca con muros propios.

El 2 de julio de 2026, QTS, propiedad de Blackstone, dio por terminado formalmente su proyecto "Digital Gateway" en el condado de Prince William, Virginia, un campus de 2.100 acres en el que QTS poseía más de 800 acres, y retiró su última apelación ante el Tribunal Supremo de Virginia tras unos cinco años de oposición. Los tribunales de Virginia habían anulado las aprobaciones de zonificación en marzo de 2026 por un defecto en la notificación pública, y el codesarrollador Compass Datacenters ya se había retirado en mayo, según recogió Tom's Hardware.

La lección para el propietario es directa: si está planificando cómputo de IA, autoalojado o capacidad de nube comprometida, trate la disponibilidad de energía, las colas de conexión a la red y el riesgo de emplazamiento como las variables que condicionan su hoja de ruta, y no la asignación de GPU. Pregunte a su proveedor de dónde salen los electrones y la licencia urbanística antes de firmar un compromiso de varios años. En Europa el asunto está vivo, con colas de conexión y restricciones a los centros de datos en torno a Dublín, Ámsterdam y Fráncfort.